| Historia
del Tango De
fecha imprecisa y origen aún más incierto, hay teorías que
remiten a sus raíces negras y otras que aseguran su origen inmigratorio.
Lo cierto es que a mediados del 1800, los conocidos conventillos de la pujante
ciudad de Buenos Aires se llenaban de paisanos del interior, gringos
recién bajados del barco y varios porteños de pocos recursos que,
quizás para diferenciarse o para generar arraigo, marcaron con impulso
propio las nuevas expresiones populares.
Mezcla
de códigos cerrados y con lenguaje particular, el tango germinaba en las
casas de baile, orillaba el Riachuelo, los boliches de carreros y cuarteadores,
los conventillos del barrio sur. Por esos años, muchos de los inmigrantes
venían solos y las pocas mujeres que venían se encontraban en las
academias o en las casas de citas. La
Buenos Aires de los 80 poco a poco se descubría en las academias
y en los teatros. En las comedias, zarzuelas y otras obras, los actores empezaron
a cantar y bailar tango. Las academias, también llamadas peringundines,
funcionaban sólo bajo autorización en los suburbios o barrios alejados
del centro y, si bien en principio eran sólo para hombres, después
incorporaron mujeres contratadas para bailar. Los
guapos, compadritos y malevos se encontraban en el Café Sabatino, el Almacén
de la Milonga y el Viejo Bailetín del Palomar. En los boliches de la calle
Necochea de La Boca, empezaba a escucharse esta música alegre, juvenil
y pícara que, bajo el ritmo del dos por cuatro, ejecutaban Rosendo Mendizábal,
Eduardo Arolas, Angel Villoldo y otros autodidactas que componían sin conocer
las partituras. El
tango dejaba de ser exclusivo del arrabal para internarse poco a poco en el centro
de la ciudad. Los organitos callejeros lo difundían por los barrios donde
era común ver parejas de hombres bailando en las calles.
Esencialmente
porteño, muchos escritores consideran que el tango de finales del '80 combinaba
varios estilos de música. En él estaría involucrada la coreografía
de la milonga, el ritmo del candombe y la línea melódica, emotiva
y sentimental de la habanera. Pero también recibió influencia del
tango andaluz, del chotis y del cuplé, a los que se agregan las payadas
puebleras y las milongas criollas. Se
cree que el primer compositor de tango fue Juan Pérez, autor del tango
Dame la lata. Sin embargo, es muy probable que hayan existido otros autores y
canciones anteriores. Además de la obra de Pérez, las primeras composiciones
fueron El tero y Andate a la Recoleta. Si
bien sus orígenes todavía polemizan las mesas de café de
los tangueros, no se discute el prestigio y reconocimiento que adquirió
internacionalmente. Como toda
auténtica expresión artística, el tango desentraña
nuestra inextricable condición humana, revelando el espíritu porteño.
Quizás debido a esta verdad, vive en los barrios de Buenos Aires y en las
academias de Japón, en las calles de París y en los centros culturales
neoyorquinos. |