En el tango, los jóvenes no ocupan el lugar que merecen

 

Leopoldo Federico es un tipo como los de antes. Un guapo tanguero, de hablar respetuoso, de manos virtuosas, de mirada melancólica. Como él mismo se define, "uno de los últimos que queda de ésa época", en la que el tango le sacaba lustre a los jóvenes nombres de Mariano Mores, Héctor Stamponi, Carlos Di Sarli, Lucio Demare y Horacio Salgán. El, Leopoldo, que con su alma de bandoneón le da vida a cualquier orquesta, integró junto a Astor Piazzolla el célebre Octeto Buenos Aires. Formó un cuarteto con el guitarrista Roberto Grela y participó de una de las formaciones del mítico Quinteto Real. Desde hace 25 años preside la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI). Y aún así, la modernidad no quiso que su biografía -o parte de ella- haya sido redactada todavía por Wikipedia.

Este maestro vive hace más de 50 años en Ramos Mejía, "pero nativo de Once", aclara, y dirige su propia orquesta, que supo acompañar a grandes como Julio Sosa hasta su muerte.


Junto a sus músicos se sumó la semana pasada al ciclo de Tango y Jazz que el Centro Cultural Torquato Tasso organiza por el Bicentenario, junto al virtuoso guitarrista Luis Salinas (hoy y mañana, a las 22. Entradas: $ 100), cuyas presentaciones culminan el fin de semana. "Tuve la suerte de recibir hasta ahora a un público tanguero a muerte, que realmente me hace sentir que vuelvo a vivir esos años que pasé en grandes lugares como Caño 14, el Viejo Almacén y Michelangelo. Hay un clima bárbaro. Vienen turistas, claro, pero más especiales, esos que quieren el verdadero tango.


¿Sabe bailar tango?
No. Es muy difícil que el músico baile. Yo ni lo intento. Pero volv iendo al ciclo, quiero destacar que la parte linda del espectáculo es la actuación de Luis Salinas. Es un lujo para la gente y para mí estar al lado de ese monstruo. Nunca habíamos compartido escenario, porque no es un hecho común.


Hace algunos años este ciclo hubiese sido una herejía para los ortodoxos. ¿Qué opina?
No sabría explicarlo en referencia a los lugares de los que hablamos recién, pero revivimos la época de los grandes bailes que existían en los 40, donde la orquesta típica y la jazz band eran totalmente necesarias. Somos hermanos con la gente que hace jazz. Aparte esa música me encanta, de otros ritmos no quiero ni hablar... Pero el jazz es como una continuidad del tango.


Usted es el más célebre de los bandoneonistas y hace poco falleció Rubén Juárez, un renovador del instrumento, ¿cómo lo recuerda?
Primero, como a un gran amigo, alguien con quien colaboré cientos de veces y en la mayoría de las grabaciones donde me invitaba a participar. Y reconozco en su voz al único referente que quedaba vivo de las cosas que a mi me gustaban, previo a él Roberto Goyeneche, y antes, Julio sosa, aparecen sobre todos los demás. Aparte, Rubén tenía la cualidad de tocar maravillosamente el bandoneón. El tango tiene esa mala suerte de que la gente joven todavía no puede ocupar el lugar que merece. La lucha es bastante pesada y nadie te regala nada.


¿Escucha nuevas orquestas?
A cada rato participo con los grupos nuevos, y se hizo como una cadena, que en cada disco que aparece nuevo, yo toco. No me siento referente de nada, pero tal vez por ser uno de los últimos que quede de esa época me toman para ese lado. Para mí, es un placer.


¿Por qué hay tan pocos bandoneonistas nuevos? ¿Le temen al instrumento, es difícil?
Bandoneonistas hay muchos, pero no se conocen. No nos olvidemos que esos bandoneones han pasado de mano en mano, en las familias.


¿Y en su familia, alguien heredará el suyo?
Ninguno. Ni de hobbie. Es así... Y yo no soy de decirle nada a mis nietos. Lo insinué, sí, un par de veces, y les encanta pero no tienen ganas de estudiarlo. Y esto, si no se estudia, es mejor ni empezar.


En el año del Bicentenario, ¿qué reflexiona sobre el género?
Que el tango debería haber tenido una exposición mucho más importante que la que tuvo. No solamente me parece a mí. A todos los intérpretes no nos cayó bien que el tango, habiendo sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad (el año pasado), no haya tenido en los festejos el lugar que le corresponde. Pero con la gente nueva que hay ahora se van a encargar de que el tango tenga la continuidad que merece. Y no lo vamos a perder.

Fuente: www.larazon.com.ar

 





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